El hombre calamar, ése que lleva la tinta -electrónica- consigo a todas partes, podría tener los días contados de imponerse el nuevo cacharro de Apple, el iPad, como soporte para el consumo de contenidos online -300.000 unidades vendidas el primer día-. Kindle, el dispositivo ideado por Amazon para los libros del mañana, aguarda en la sala de espera del futuro y podría no llegar a revalidar su condición de superventas en 2010. Su porvenir, en la bola de cristal de ComScore, parece tan negro como su tinta.
Lo cierto es que el Kindle, frente al iPad, es aburrido como un partido sin goles, inexpresivo como Stallone, rudimentario como una Olivetti y caro como una rinoplastia. Habrá quien continúe alabando la batería de larga duración o la tinta electrónica, pero los argumentos terminan ahí. La información es multimedia y el Kindle que conocemos es plano y limitado. Podría pasar, en un suspiro primaveral, de ser un objeto de deseo a fetiche de una tecnología transitoria, como el Spectrum o los televisores en blanco y negro.
Es más cómodo para la lectura, sí, pero el iPad ofrece un sinfín de posibilidades que no está al alcance de aquél; en ambos se puede realizar sólo una tarea en el tiempo -no permiten trabajar con varias aplicaciones simultáneamente-, pero esta tarea, en el Kindle, es siempre la misma y es pasiva. Hasta el Telesketch (1959), era más interactivo. La única fórmula para la coexistencia de ambos dispositivos pasa porque Amazon reduzca hasta el simbolismo el precio de su gadget y concentre esfuerzos en la explotación de su catálogo alejandrino.
Con su tableta, Apple redefine el consumo de información y nos libera de la tríada “silla, teclado y ratón”. Sirve por igual para la lectura de libros y revistas -a todo color-, para navegar, consultar el correo, actualizar nuestro estado en redes sociales, publicar contenido en blogs o generar documentos -entre otras muchas cosas-. Con mayor capacidad de procesamiento y autonomía, el iPad podría llegar a ser el prototipo de las estaciones de trabajo del futuro. Estamos ante un concepto, no ante un producto definido y definitivo.
Como el antihéroe, no es un pájaro ni un avión; es el iPad. Tiene vocación de ordenador, de teléfono, de lector de ebooks o de televisor, pero no es ninguna de estas cosas, no está limitado. Es un dispositivo multiusos que lleva el ocio digital al sofá, al metro y a la piscina, con lo que si vives en esa parte del mundo en la que hay sofás, metros y piscinas, puede ser un capricho apetecible. Está pensado para todos los públicos y, aunque es complementario y no sustitutivo, cuando baje de precio puede ser la herramienta ideal para esas personas que no quieren oír hablar de sistemas operativos, programas, ficheros o antivirus… La mayoría.
Actualización: Apple vende 250.000 libros electrónicos en un día.