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Mistaken idea

Contrary to popular belief, Lorem Ipsum is not simply random text. It has roots in a piece of classical Latin literature from 45 BC, making it over 2000 years old. Richard McClintock, a Latin professor at Hampden-Sydney College in Virginia, looked up one of the more obscure Latin words, consectetur, from a Lorem Ipsum passage, and going through the cites of the word in classical literature, discovered the undoubtable source. Lorem Ipsum comes from sections 1.10.32 and 1.10.33 of “de Finibus Bonorum et Malorum” (The Extremes of Good and Evil) by Cicero, written in 45 BC. This book is a treatise on the theory of ethics, very popular during the Renaissance. The first line of Lorem Ipsum, “Lorem ipsum dolor sit amet..”, comes from a line in section 1.10.32.

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  • El apagón digital

    El apagón digital [En Twitter: @perdomo]

    Los que llevamos años gastando muchas horas del día conectados a la red y recibiendo estímulos constantes, correos electrónicos, mensajes en Twitter o Facebook, el descubrimiento de un post en un blog, una noticia en un medio o un nuevo servicio que probar, empezamos a notar cómo la rutina analógica, en ocasiones, no logra captar toda nuestra atención. A veces nos resulta difícil concentrarnos en la lectura de un libro o disfrutar de una película en la que no suceden cosas a cada momento.

    La llegada de la Internet móvil, lejos de permitirnos trabajar con mayor comodidad -tumbados en una hamaca como soñábamos-, agravó nuestra esclavitud. A buen seguro ya hay un grupo de investigadores en alguna remota universidad norteamericana que bautizó esta dependencia y encontró la relación existente entre la loca secreción de sustancias químicas que se produce cuando pulsamos “Compartir” y las series de TV como “Lost”, con tramas minadas de sorpresas. Puede que incluso ya se esté estudiando el modo en que nuestros hábitos digitales acabarán en el futuro con las novelas de seiscientas páginas.

    Además de adictos somos cobayas; los primeros en la cola de un futuro que se presenta lleno de incógnitas que hasta hace poco me parecían maravillosas. Con nosotros se descubrirá si tener más de mil amigos virtuales es síntoma de liderazgo o prueba de que nadie nos invita a una caña en la tasca del barrio; o si la ingesta prolongada de galletas de la suerte aumenta los niveles de colesterol en sangre. Hay quien se frota las manos pensando que los inviernos serán cada vez más largos y así gastaremos más horas navegando... Pero nosotros, marineros en tierra, nunca sabremos la diferencia entre una lazada de pescador y un as de guía.

    Todo esto creía hasta que supe que Bill Gates, ese señor que se embolsa un dólar por cada chiste que hacemos sobre él, había cometido un descuido garrafal que de repente lo convertía en el dios del software libre, una suerte de mesías accidental. En un alarde de vanidad, Bill quiso emular a los creadores de buenos programas informáticos y por primera vez nos dejó probar su nuevo sistema operativo, Windows 7, antes de pasar por caja; pero la ambición le pudo y en el último momento añadió esta cláusula maquiavélica: «Una vez finalizado el periodo de prueba, el equipo continuará funcionando pero se desconectará cada 2 horas... Ahí la llevas».

    Instalé el programita. Pasaron los meses y un día, sin más, la oscuridad se hizo, llegó el apagón digital... Pero no pasé por caja, no aboné la licencia. Me quedé con aquella versión con vocación de funcionario; narcoléptica, sí, pero libre, ¡y encontré la cura! Desde aquel día y hasta hoy, cada dos horas exactas, me asomo a la ventana y sueño que arribo a Guanahani en un bergantín bragado; en calma observo los nubarrones, que no han de durar, y sonrío pensando que el mundo, más allá de los impulsos que llevan a jóvenes rusas voluptuosas a invitarme a sus granjas virtuales, está por ser descubierto.